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Después de un tiempo ausente por problemas varios (como todo el mundo) regresé
para continuar relatando algunas partes de mi vida entretenidas entre tanta
basura del día a día en la tv, radios y periódicos.
julio
2008
Omitiré
mis problemas que no le interesan a nadie porque todo el mundo tiene problemas y
aquí no es la idea de compartir lo que todos no necesitamos. Stop.
Hace unos
días viajamos con mi esposo a unas termas en viaje de descanso. Sin niños ni
amigos, nos prometimos unas vacaciones que los dos pudiéramos disfrutar sin que
nada del diario vivir cotidiano nos afecte.
Fue así
que partimos desde casa con rumbo definido pero sin prisas, disfrutando del
paisaje de ese día tan bonito aunque estaba comenzando el invierno y había
viento con alguna brisa muy fresca de tanto en tanto.
En el
camino, durante algún largo rato charlamos de todo. De los niños, de las cuentas
por pagar, de los amigos, del trabajo y muchos temas más que no siempre tenemos
oportunidad de charlar en casa.
En un
momento dado, cuando estábamos pasando por un camino que llevaba a la costa del
río Uruguay y según carteles indicadores, un pueblo que omitiré el nombre.
Decidimos incursionar para ver como era el pueblo que se anunciaba en carteles
discretos, y hasta "pobretones" diría.
Llegamos
a la costa agreste, desierta del río. Arenas húmedas y viento no invitaban a
descender del automóvil, así que buscamos una parte alta con vista al río y
salimos de la calle para no molestar si alguien pasaba porque era más bien una
huella en el camino donde solo pasaba un solo auto o carro ... vaya a saber uno.
Como era
cercana la hora del mediodía decidimos comer un sándwich que por las dudas había
cargado en una conservadora de frio portatil junto a unas bebidas cola y unas
cervezas.
Mientras
charlábamos mirando el río que estaba picado, disfrutábamos de la calefacción de
nuestro modesto y cómodo Fiat que ronroneaba casi silencioso y manso para que el
calor en el interior no descendiera.
Al poco
momento, luego de comer nuestro liviano almuerzo, nos abrazamos y observábamos
el rio que por momentos estaba "bravo" mientras el viento se hacía sentir en
nuestro auto balanceándolo un poco brusco por momentos.
El goce, sencillo, sublime junto a tu pareja. sin
costos excesivos y estúpidos de dineros. Mi mano reposaba sobre su pierna
mientras mi cabeza se apoyaba en su hombro.
De pronto, se me ocurre, al sentir su olor de
hombre, hombre mio, olor embriagador darle un beso en su cuello suavemente.
No acusa y repito mi beso abriendo mis labios
mientras mi lengua toma el gusto de su piel. Mi mano se deslizó suavemente hasta
su entrepierna hasta chocar con su "paquete" que comenzaba a despertar porque
adivinaba lo que vendría.
El hacía como que "aquí no pasaba nada" y se
dejaba hacer mansamente, entregado a mis caricias sin prisa. Mientras tanto, su
pene se endurecía inevitablemente y su pantalón de jeans comenzaba a molestarle
porque no había espacio.
Desprendí el cinturón, baje lentamente el cierre
y busque, hurgué dentro de su pantalón buscando su "cosito" duro que pugnaba por
un a salida.
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Logré sacarlo fuera y mi mano intentó cubrirlo a
lo largo para su beneplácito total que se hizo notar con un suspiro. Así
estuvimos no menos de media hora. El abrazándome, mientras su manos intentaban
sin éxito llegar a mis pechos, y mi mano subía y bajaba lentamente por el tronco
de su pene. Su juguitos brotaban mansos, sin parar entre suspiro y suspiro de
él.
Corre su asiento para atrás. reclina el respaldo
y deja su pene delante de mi cara, signo inequívoco que desea una mamada como
Dios manda.
Observo su pene hinchado, ansioso, su cabeza
(glande) hinchada, a punto de explotar, mientras mi mano sube y baja
rítmicamente recorriendo su pene. Al final, mi cabeza baja lentamente (solo para
hacerlo sufrir porque yo lo deseaba antes que é) hasta que mi boca llega a su
"puntita" anhelante, jugosa, suave, exquisito manjar de sibarita.
Mi lengua lo recorre suavemente y luego mis
labios se apoyan en su cabeza hinchada y succionan suavemente el glande y mi
lengua juega alrededor.
Menos de 3 minutos necesitó antes de avisarme que
se acabaría en mi boca advirtiendo que su leche era mucha (según él). No me
moví, me preparé para el chorro del principio y apreté su tronco con toda mi
mano mientras subía y bajaba desde la punta hasta el tronco. Su leche vino a mi
boca que bebí como buen néctar de la vida que es de donde salieron mis hermosos
hijos.
Estuve varios minutos sientiendo su leche cada
vez menos en mi boca al tiempo que la bebía y levantaba mi cabeza apartando mi
pelo para que me viera como bebía su leche sin derramar una sola gota.
Su cara, sus ojos, todo él, se delataba en
éxtasis y placer que le estaba dando sin duda alguna.
Cuando su pene perdió dureza, le limpié con mi
lengua todo alrededor con esmero, tanto esmero que creí que tendría otra
erección para mi solita, pero voces y gritos a lo lejos nos sacaron, cortaron el
encanto. Tome sus testículos entre mis manos, tiré hacia abajo para correrle el
forro de su pene y dejar su cabeza al descubierto, lo mamé como si fuera el más
exquisito chocolate de arriba abajo y lo solté sin decir palabra.
Me miró, un poco sorprendido pero no dijo nada.
Miró hacia ambos lados del camino, hacia atrás, adelante, vio gente en la playa
y procedió a acomodarse el pantalón.
Mientras miraba hacia afuera, le dije:
Será mejor que lleguemos a un hotel rápido porque
se te puede incendiar el auto ..... y me callé...
Estaba todo dicho, mis bragas estaban empapadas y
mi raja quería guerra, de la buena.... de esas que te dejan muerta.....
No dijo nada, busco el camino y luego preguntó a
un tío que iba en bicicleta por el camino contra el viento, por un hotel más
cercano y partimos sin decir palabra ..... mi mano descansaba sobre su pierna
... peligrosamente cerca .......
Os contare más en breve porque en una semana nos
ha pasado de todo ... Kiss
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